Los perturbadores rostros del pasado y el presente de Camilo Barboza
Con un gran caudal de irreverencia y nostalgia, Barboza se reencuentra con el público zuliano, bajo el talento pictórico que lo caracteriza. En esta oportunidad somos testigos de una bien construida estridencia visual. Contradictorio concepto donde los colores de Barbaza, brillantes e industriales, se entretejen en una armonía, por muchos conocida, pero que en esta oportunidad trastoca ciertas partes de su propia naturaleza.

Sus rostros, perturbadores y agraciados a la vez, parecieran hablar de un mundo de irrealidades, habitado por mutantes homínidos, que está mucho más cerca de lo que parece. Sin proponérselo, Camilo Barboza nos asusta con cuerpos mutilados, carentes de bocas y otros órganos, donde los ojos se transforman en manchas que no permiten que el reflejo exista. Personajes de los que nada se sabe; mas, de quienes la curiosidad llevara al público ha permanecer frente a ellos tratando de descubrir sus historias.
Pero ese es sólo uno de los tantos caminos de significantes que ha construido este artista. Si nos dejamos guiar por su mano, es muy probable que recorramos senderos de maderas, papeles o plásticos, cuya innata fortaleza se niegan a abandonar un nombre propio, pero que aún así, renacen metamorfoseados entre pieles y nuevas texturas. Un discurso que contiene ese extraño vínculo que Barboza posee con el pasado, lo antiguo, la familia y la ciudad, recuerdos que permanecen flotando alrededor, cual fantasmas intervenidos por su contemporaneidad, indicando que de él falta mucho por conocer y ver.Tras una larga lista de exposiciones colectivas e individuales en diversos lugares del país, un premio “Armando Reverón” en su categoría joven, otorgado por la Secretaría de Cultura y el Consejo Legislativo del Estado Zulia, estudios en el área del diseño y la arquitectura, sin mencionar sus vínculos profesionales con el teatro y la danza, nos hacen pensar que ha llegado el momento de dejar de ver a Barboza como un “novel” artista.
Hecho que se reafirma al definir a “Flotando”, su nueva muestra, como el estado de introspección que mantiene. en todo momento, cuando pinta o construye una nueva obra de arte. Una elevada experiencia de los sentidos que él asume por completo, incluso en la consecuencia de experimentar sensaciones de poder y superioridad propias de quien se sabe capaz de crear y transmitir un mensaje al público. Camilo Barboza y sus obras son un solo individuo, una contradictoria armonía donde se mantiene el descaro propio de la juventud y la melancolía de quien lleva encima de sus hombros los pecados y la experiencia que dejan los años.jueves, julio 31, 2008 | Etiquetas: camilo barboza | 1 Comments
Carta
Estimado Amigo (que cliché sonó eso)
Sé que llevo tiempo sin escribirte. Lamentablemente, las ocupaciones laborales…¿A quién quiero engañar? Tú más que nadie sabes que mi mayor ocupación es tratar de arreglar mi inarreglable vida y que el último oficio que tuve fue cuando intenté venderte un perfume de imitación. Todos los días me levanto haciendo nuevas propuestas al sol. Promesas que a mitad de la tarde he olvidado, que posiblemente mañana vuelvan a ser las mismas pero que al atardecer poco valen para quien ha pecado por imprudente y olvidadiza con su propia existencia.
Te cuento que llevo poco tiempo en Caracas. Al parecer salí corriendo porque una ola de costumbre me estaba ahogando en aquella ciudad. Nada fue planificado. Sólo metí en la maleta ropa para una semana pero ya llevo más de un mes. Por supuesto, has de imaginar que la muda se está gastando de tanto uso y lavada ¿será que debo quemarla para que con ella se vaya todo lo pasado?
Sé que está pensando que soy una cobarde, que simplemente lo que he hecho es huir. Y sí, tu mejor que nadie sabes que es así. A veces, parece increíble pero es cierto, más vale correr que caer moribundo y derrotado en el terreno de batalla, aunque este terreno sea el de tu propia mente.
Bueno... bueno... no es eso lo que me interesa contarte.
Son varias sorpresas que me he llevado en este último mes. Tú, que conoces mi repulsión a las masas, a todo aquello que promulgue el encuentro de más de cinco personas, y que huyo de las aglomeraciones como el gato al agua fría; pues te sorprenderías al saber que finalmente he podido transitar, cual Buda iluminado, por la transferencia del Metro, tanto del Silencio como la de Plaza Venezuela. Sí, como lo escuchas… bueno, como lo lees: yo y el tumultuoso torrente humano del Metro nos hemos hecho uno. Eso sí, no creas que ha sido empresa fácil. Todo lo contrario. He tenido que desarrollar cierto ritual energético purificador antes de cada nuevo “paseo”.
Todo comienza al momento de acomodar mi bolso en “modo paranoico” (léase: cruzarlo por encima de pecho para mantenerlo protegido siempre al frente), amarro mis zapatos, me ajusto el pantalón, inhalo y exhalo profundas bocanadas de aire para relajar los músculos; para, después, cuando todo está preparado, lanzarme en el primer tumulto visceral, descargado por los vagones. Sin prestar ninguna resistencia me dejo llevar por la marea, sólo debo esquivar uno que otro obstáculo, que, gracias a mi entrenamiento en juegos de video, puedo sortear sin ningún esfuerzo. Eso sí, mi ritual jamás estará completo sin mi fiel amigo el libro que jamás deja de acompañarme.
Caracas sigue siendo la ciudad convulsionada de siempre; mas hoy puedo decirte que es increíblemente hermosa. Ella es una malintencionada mujer que se levanta muy temprano, gozosa del pretendiente que llegó a su puerta, segura de que en cualquier momento, a pesar de que siempre está trabajando, podrá robarte su billetera, malas mañas que se aprenden en el oficio. Lo que me preocupa es que casi no duerme, sufre de insomnio y miedos perennes. Pero ¿sabes? Aún conserva su instinto materno que la hace ser, simplemente, una sobreviviente.
Y es que los sobrevivientes abundan en esta ciudad.
He conocido un señor que hace más de 20 años se para a la salida del metro de Ciudad Universitaria a vender “Raspa’os”. Él me ha dicho que ha visto de todo en ese lugar, del cual sólo logró moverlo una enfermedad imprevista o una que otra manifestación (dice que las de ahora ya no son como antes, que los estudiantes de hoy son más pacíficos y no se comparan a los que hacían guerra en otros años). Su amor por lo que hace es tal, que a pesar de que no tiene necesidad de seguir en esos menesteres, ya que sus hijos lo ayudan (todos profesionales gracias a su puestito) él sigue levantándose, religiosamente, todos los días para salir a trabajar. Con decirte que ya en su casa saben que el día que se muera lo único que quiere es que lleven sus restos a velar en ese lugar que tantos recuerdos le ha dado.
Son muchas las cosas que mis ojos han visto pero tendré que dejarlo para después, ya se me ha hecho tarde y una amiga me espera en su casa. Tú sabes… jamás podré llegar temprano a ningún lugar, pero tengo la excusa de decir que eso es un mal genético. Bueno, me voy mi amiga me espera para tomar el té... jejejeje... ¿te lo creíste? Sé que no, pero sonó bonito, no lo niegues.
Mañana te vuelvo a escribir, ya que son muchas cosas las que tengo que contarte.
Un beso… dos si te gustan…
Siempre Tuya…
martes, julio 15, 2008 | Etiquetas: Caracas, yo | 0 Comments
